INTRODUCCIÓN

Debido a la incidencia de los trastornos de espalda en nuestra sociedad, es habitual la búsqueda de remedios eficaces para aliviar el dolor y eliminar las limitaciones con respecto a la movilidad que generan estos procesos.

Uno de los procedimientos terapéuticos más utilizados en el tratamiento del dolor en general y de los problemas de espalda en particular, dentro de las llamadas «terapias complementarias», es el de la acupuntura. Los tratamientos con esta terapéutica han demostrado un alto valor de eficacia en toda la patología dolorosa.

Si se revisan las aportaciones que desde la vertiente energética se han hecho con respecto al dolor de espalda, podemos encontrar básicamente tres tipos de descripciones.

La primera de ellas, procedente de la medicina tradicional china, suele ser muy extensa y detallada en cuanto a los tipos de dolor que pueden manifestarse, pero carece de referencias que conecten con aportaciones más contemporáneas y, por tanto, puede resultar confusa en cuanto a la identificación de las estructuras que participan en un tipo determinado de dolor de espalda.

Otras descripciones proceden de textos de autores contemporáneos, que hacen una descripción de los dolores de espalda poco elaborada, aludiendo a su localización, a su relación con vías energéticas o a las características del dolor.

El tercer grupo de descripciones aparece en trabajos de elevado perfil científico, que intentan demostrar la eficacia de la acupuntura en dolores de espalda más o menos tipificados. También entrarían en este grupo las recientes aportaciones de la acupuntura anatómica o la acupuntura contemporánea, que elaboran sus estrategias terapéuticas basándose en las relaciones neuroanatómicas de las estructuras o zonas alteradas.

A lo largo de los años y de muchos tratamientos aplicados al dolor de espalda en cualquiera de las modalidades en que se presenta, hemos ido elaborando una interpretación de los hechos clínicos y, por consiguiente, una aproximación terapéutica. Posiblemente esto ha sido así por la necesidad de establecer cierto criterio a nuestra forma de abordar esta problemática, cierto orden a nuestras interpretaciones, cierto rigor al evaluar los resultados obtenidos en cada uno de los procesos tratados. También responde a un espíritu de integración, es decir, a la voluntad de coordinar el conocimiento energético con el convencional y, por tanto, de no desechar ninguna propuesta que pueda resultar útil para entender los procesos de dolor que nos ocupan, y elaborar, a partir de este punto de comprensión, las mejores estrategias terapéuticas.

Todo intento de sistematizar e integrar conceptos supone al mismo tiempo una limitación, en cuanto a que los acontecimientos se han de valorar dentro de unos criterios determinados, pero si estos criterios están planteados de forma amplia, también suponen una ayuda inestimable, tanto para fijar situaciones como para comprender los cambios que se producen y, por tanto, para tener un instrumento de evaluación permanente. Se trata de decidir cómo se «quiere mirar» o cómo «se entiende» un determinado dolor de espalda con el propósito de situarnos y a partir de una idea, que por supuesto puede ser modificada posteriormente, escoger la estrategia terapéutica más apropiada.

En definitiva, el diagnóstico secuencial no deja de ser una elección. Escoger una secuencia según los criterios diagnósticos implica elegir una forma concreta de valorar un proceso, lo que a su vez conlleva una estrategia terapéutica y unas expectativas en cuanto a su eficacia.

En cualquier caso, la necesidad de ordenar las propuestas diagnósticas nos puede ofrecer la orientación continuada y sistemática del lugar y del modo en que interpretaremos los datos y valoraremos los resultados del tratamiento.